Ana Colina, un hasta luego


Han pasado 30 días, Ana. Dicen que el tiempo cura, pero este primer mes se ha sentido extraño: una mezcla entre la incredulidad de que ya no estás y la certeza absoluta de que tu energía sigue aquí, en el Caroní que tanto amaste.

‎Hoy no escribo solo para la abogada brillante o la exconcejala que recorrió los pasillos políticos; escribo para la mujer detrás de la profesión, del cargo. Esa Ana de calidad humana invaluable, para quien el "don de gente" no era una estrategia, sino su forma natural de respirar.

‎Me conmueve recordar cómo convertías a amigos, conocidos y vecinos en familia. No había distinciones para ti; quien se acercaba recibía tu atención genuina, ese don de servicio que llevabas a flor de piel y que te hacía escuchar con el corazón antes que con las leyes.

‎Miro nuestra Guayana y es imposible no ver tu huella. Pienso en esa lucha incansable por la ordenanza de Ciclovías, ese proyecto que tejiste junto a un equipo multidisciplinario no por vanidad política, sino porque genuinamente soñabas con una ciudad más humana. 

‎Querías proteger al ciclista, sí, pero en el fondo, buscabas sembrar respeto, crear entornos armónicos y apostar por un desarrollo sustentable que nos incluyera a todos. Eso eras tú: una constructora de puentes y caminos seguros, tanto en el asfalto como en la vida de quienes te rodeamos.

‎Te fuiste, amiga. Pero nos aferramos a lo que nos dejaste, que es mucho más que un legado legislativo.

‎Nos quedamos con tu anhelo intacto: el de ver una Guayana pujante y viva. Una ciudad plena de ciudadanos con valores inquebrantables, guiada por líderes que, como tú, tengan la valentía de escuchar a la gente, de bajar al terreno y de construir, entre todos, esa sociedad mejor que tanto merecemos.

‎Descansa en paz, Ana. Aquí seguimos pedaleando hacia ese horizonte que tú nos ayudaste a dibujar y que podemos conseguir, siempre juntos. 

Comentarios

Entradas populares